Movimiento Cuarto Mundo en Guatemala
Inicio Participa Testimonios Acceso al Saber Contáctanos
Quiénes Somos
Visión y Objetivos
Nuestra Misión
Reseña Histórica
Fundador
Miembros
 
Galerías
 
Enlaces
 
 
 
 

Fundador

El Padre Joseph Wresinski, Fundador del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo.

Joseph Wresinski nació en Angers (Francia, 1912-1988). Era hijo de emigrantes, de padre polaco y madre española.

Se le podía ver temprano, calle abajo, en el frío del invierno francés, iba a ayudar a servir la misa en la parroquia del Buen Pastor a cambio de pan, mantequilla, un poco de sopa y algo de dinero. “Fue el dinero lo que me convenció” dirá años más tarde.

De sus experiencias de niño pobre, terrible, retendrá una afinidad con el pensamiento y sufrimiento de otros niños y otros adultos que podían ser sus hermanos, su padre, su madre.

“Fue gracias a mi mamá que me comprometí a favor de las familias desfavorecidas. Porque mi madre estaba sola, tenía cuatro hijos y mi padre se había marchado. Pero gracias a ella, no éramos desgraciados. Fuimos humillados pero nos reconfortó. Gracias a ella teníamos una identidad, éramos alguien en el barrio”.

“La miseria me enseñó a aprovechar la oportunidad que se presenta: podemos hacer muchas cosas si estamos atentos a los acontecimientos, si aprovechamos las circunstancias y si encontramos gente con quien vivir el momento que se nos ofrece”.
Años más tarde, aprovechando las oportunidades que le iba ofreciendo la vida, trabajando, con ayudas, becas, esfuerzos y humillaciones, y no sin dificultades, se hizo sacerdote. “Alguién a quien yo quería mucho era a Jesucristo, porque él había vivido en la miseria. Había sufrido mucho, había sido pisoteado como lo habíamos sido nosotros de jóvenes. Estábamos en la misma condición. Pero él también fue obstinado. Lo que me gustaba en él y me gusta, es que él es obstinado no consigo mismo, sino con los otros”.

Ya de sacerdote católico, su obispo le envía a un asentamiento a las afueras de París (Noisy-le-Grand) en el que vivían condenadas a la indigencia más completa, abandonadas a la indiferencia y al desprecio del mundo que les rodeaba. En aquellos años la mortalidad infantil del asentamiento era más alta que la de algunos países de Africa, las condiciones higiénicas horribles, la humillación constante.

En el encuentro con estas familias reconoce a su madre, a su padre, a sus hermanos, el sufrimiento de su infancia. Se prometió a sí mismo que con estas familias recorrería el camino que les separa de los lugares en los que se piensa el futuro del mundo, de la ONU, del Vaticano, de los parlamentos.

El padre Joseph era un hombre obstinado que sabía por experiencia propia lo denigrante que es para un hombre que nadie solicite sus opiniones, que no reconozcan sus valores, sus experiencias, que no le permitan expresar sus esperanzas.

“Los pobres tienen algo que decirle al mundo, decirle que la justicia no es un favor para algunos. La justicia es un derecho y que el amor también es un derecho tanto para los pobres como para los ricos. La misión de los pobres es obligar a los hombres a quererse. Tenemos el deber de amar y por lo tanto de compartir, de prescindir para que otros puedan crecer e ir delante de nosotros. Debemos quedarnos atrás y escuchar, comprender y amar”.

“Nada sin ti, nada sin los otros”, solía decir. Con estas intuiciones, con unas pocas familias y algunos hombres que se unieron a ellos crearon el Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo, un movimiento de lucha contra la miseria que cuenta con más de cuarenta años de historia.

A lo largo de muchos años, el padre Joseph Wresinski luchó incesantemente por dar una identidad positiva a este pueblo, al Cuarto Mundo, que el resto de la sociedad trataba de asóciales, marginales o casos sociales. Este reconocimiento por la identidad de un pueblo que sufre se tradujo a lo largo de los años en acciones relevantes por el acceso a la educación, a la salud, a la dignidad. Podríamos hablar así de las “bibliotecas de calle”, o de las “Universidades Populares” o de tantas otras acciones emprendidas con éxito al lado de familias muy pobres.

Pero, en última instancia, tanto su informe “Gran Pobreza y Precariedad Económica y Social” presentado y aprobado en 1987 ante el Consejo Económico y Social de Francia del que era miembro, como la Jornada mundial de Rechazo a la Miseria, celebrada por primera vez el 17 de octubre de 1987, responden a su obsesión por reunir a todos los ciudadanos en torno a los que más sufren. Responden a su obsesión por que la sociedad reconozca a estas gentes como pueblo, como seres humanos con una dignidad que respetar y con derechos y responsabilidades propias. Responde a su obsesión por que la sociedad asuma su responsabilidad frente a estas familias y se comprometa en el esfuerzo de brindarles los medios para su liberación.

El creía en el hombre, en todo hombre y mujer, y sin cesar se apoyaba en unos y otros impulsándoles a ir más lejos en pro de las familias más desfavorecidas.

El creía, confiaba, niño pobre, sacerdote, que “la miseria retrocede allí donde los hombres se unen para destruirla”.

 

 

     
  Joseph Wresinski, fundador del Movimiento Cuarto Mundo