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Doña Chela – Señora Graciela Martín Cifuentes

La paz para mi es que estemos todos juntos, para platicar y ayudarnos los unos a los otros, para que estemos todos tranquilos. Ahora no tengo problema en mi casa, estamos tranquilos. Tengo paz.

Es importante saber que los demás también están en paz. Uno se puede sentir mal cuando hay amigos que tienen problemas. Uno quisiera estar con ellos, para consolarlos, sentir lo que los demás sienten. Yo me siento triste que personas que conocemos estén en problemas.

Hablando de paz, me acuerdo de mis dos niñas que mataron. Dinora Maribel tenia 16 años, Wendy Joana tenia 14. Pienso a todo lo que he sufrido con mis hijas que ya no están conmigo. Recuerdo de lo que sufrimos con ellas. Pasamos hambre con ellas, pasamos frío, dormíamos en cartones. Me acuerdo de mis hijas, de lo que ellas también sufrieron.

No solo a mi me ha pasado de tener niños que ya no están. Recuerdo también a los niños de mis amigas que ya no están. Conozco a muchas mamas a quienes les han matado a sus hijos. Los conocí cuando eran niño. Quisiera que estén, que estuviéramos todos juntos. Estuvieran grandes, podríamos platicar de todo lo que hemos pasado y sufrido y lo que han sufrido así también las otras mamas. Pasamos hambre, frío con nuestros niños, todo lo que vivimos en la línea. Uno se siente triste. Ahora sé que es este dolor. Perder a sus niños es el dolor más grande. Se queda en su corazón, y nunca se va de aquí. Es tremendo. Eso, no lo deseo ni al peor enemigo.

Mas los que sufrimos son las familias pobres. Siempre nos tiene que pasar. Talvez por ser los más pobres, nuestros niños crecen con menos oportunidades de estudiar, de tener buenos amigos. No tenemos una seguridad que controle. En nuestras colonias entran el mas perverso de la vida, delincuentes de todas clases, porque no hay seguridad. Nuestro hogar es una cobatchita de lamina. Y no nos quedamos en nuestras casas porque tenemos que trabajar.

Los que están vivos, les cuento todo lo que hemos sufrido. Les digo que se queden tranquilos, en la casa, que se queden en paz. No queremos eso para ellos, no queremos la violencia o las maras. Una de madre quisiera que sus niños estén tranquilos, en paz. Yo les hablo a ellos, que no tienen que ser violentos o abusivos. Si uno es abusivo, la gente lo desprecia. Hay que comportarse educado. Porque si uno se comporta violentamente, lo pueden matar. Solo con una mirada puede venir la violencia. En otros países también hay muchas violencias.

Uno tiene que platicar a su niños y darles un buen ejemplo. Mi hijo me dice que no anda en la calle. Me siento tranquila, descansa mi mente. Uno piensa mucho en sus niños. Que mis niños tengan que comer en la casa, que vayan bien en la escuela, uno se siente tranquilo. Mis hijas también sufrieron, y algún día ellas hubieran tenido que conocer hoy, estar mejor.

Uno tiene su corazón. Tenemos que perdonar. Por todo lo que se esta pasando, también en otros países.

Queremos que nuestros niños, más tarde, estén en paz, con sus propios niños. Que mis niños tengan su comida, su trabajo, para que a ellos no les falte nada.

Cambiar la Rosa de la Paz, es decir que uno quiere la paz, no solo para mi, sino también para todos los demás y los otros países. Queremos paz, no solo para todas las familias guatemaltecas, sino también en todo el mundo.

Cambié la Roza de la Paz en nombre de todas las familias que hemos sufrido.

17 de octubre 2005 - Cuarto Mundo