Movimiento Cuarto Mundo en Guatemala
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Testimonio de Erwin Gill.
17 de Octubre 2006 – Ciudad de Guatemala

ErwinMi nombre es Erwin Roberto Gill Linares y trabajo como profesor de dibujo técnico en un instituto experimental, de educación básica, en la zona 18, aquí en la ciudad.

Conocí el Movimiento « Cuarto Mundo » por una invitación que me hicieron unos amigos, a los que conocí en un curso de idioma kaqchikel, en la Academia de Lenguas Mayas. Gracias a su invitación, decidí comprometerme una tarde de la semana, lo cual vengo haciendo desde hace aproximadamente siete años, de los cuales, los últimos seis me he dedicado a acompañar a los voluntarios permanentes a visitar a los jóvenes que viven y trabajan en los alrededores del « vertedero » de la zona 3.

En el inicio se trataba de hacer un taller para aprender cosas como manualidades, carpintería y pintura, para finalmente convertirse en un acercamiento hacia los jóvenes por medio del dibujo y de la pintura. Hoy, quiero dar testimonio de estos jóvenes.

Esos jóvenes tratan de sobrevivir trabajando de sacar basura de algunas casas y tratando de conseguir, entre la basura, objetos sencillos o chatarra que puedan vender; cosa que se les ha hecho más difícil a partir del incendio del basurero, cuya consecuencia fue que lo cercaron y emitieron carnets para que las personas pudieran entrar a trabajar.
El requisito para el carnet es tener cédula de vecindad y los jóvenes no tienen, a veces, ni siquiera fe de edad y mucho menos el dinero que se necesita para obtener estos papeles. La mayoría de ellos duermen en la calle en condiciones muy difíciles.

Como todas las personas, los jóvenes tienen diferentes caracteres, pero algo que llama la atención es su disposición a compartir lo poco que tienen entre ellos y los que los rodean.

La muerte es compañera constante de cada uno de ellos, entre los que fallecieron, recuerdo a Delmy, Mynor, Juan Carlos, su hermana Claudia y últimamente Margarito a quien le decían El Payaso por trabajar en las camionetas. Entre muchos otros que han fallecido y vivido rodeados de violencia.

Este compromiso me ha ayudado a comprender lo difícil de la vida que lleva cada uno de los jovenes que he conocido; me ha demostrado que el poco tiempo que tengamos para compartir es considerado sumamente importante por ellos, ya que en cada una de nuestras visitas saben que son tomados en cuenta y que no se discrimina a nadie, que son seres humanos al igual que los demás, con la misma dignidad.

Con el transcurso del tiempo me he dado cuenta que formamos una parte importante de su vida, así como ellos de la mía. Me he podido percatar que es importante que nosotros queramos ayudar dando algo que nos cuenta poco monetariamente pero que es muy difícil para la mayoría de personas: y es brindar nuestro tiempo y especialmente nuestra amistad.